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La
elaboración de estos vinos responde a una inquietud por dar a
conocer la cultura gastronómica de nuestro país, en especial
en caldos y licores durante la Edad Media.
El vino siempre estaba presente en la mesa medieval ya fuera sólo,
mezclado con agua o aromatizado (a finales de la Edad Media se
estima que el consumo medio alcanzó poco menos de un litro por
persona y día).
La aromatización del vino se apoya en diversos factores:
aumenta las propiedades caloríficas y alimenticias ya de por sí
presentes en el vino y proporciona usos medicinales para la
prevención y/o tratamiento de enfermedades comunes
(enfriamientos, cansancio...).
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